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Edgard Ramirez
Puerto Rico
OCULTO EL DOLOR
Oculto el dolor, surge la sonrisa de la carne,
la ansiedad de los cuerpos sudorosos.
Jadeo de pechos... la respiración tibiamente acelerada,
las bocas cuando el instante es... eternidad.
Tus piernas obscuras y mis pálidas piernas,
forman el ojo del puente, por donde fluyen los vientos más cálidos
de la Noche, las resacas más inverosímiles:
enfermedades triunfantes, debilidades espléndidas
y groseras en contra de las corrientes contrarias.
¡No vivo ya! ¡No muero entonces!
sin el choque blando de los cuerpos,
tratándose máquinas locas,
ebrias furias de crímenes y besos.
Dos estrellas me taladran los ojos.
Siete cimitarras de oro.
Siete arcángeles celosos
aguardan por nuestros cuellos preciosos.
Oculto el dolor, surgen maneras de animales desnudos,
la obscura alegría de los dioses.
Nada posee sentido más exacto: Maná,
río celeste, de un cuerpo en otro cuerpo,
de tu cuerpo aturdiéndose en el mío.
Oculto el dolor, un pez aletea en nuestras bocas.
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